Más que un prodigio (Levante, 22.09.2013)

Tocar muy bien el violín a los catorce años es prodigioso; hacerlo como Jacobo Christensen (Valencia, 1999) es más que eso, sólo al alcance de unos pocos privilegiados entre los muy escasos capaces de tocar muy bien el violín a esa edad.

Técnicamente aún tiene que mejorar, por ejemplo, una afinación aquí y allá no impecable.

Pero lo más difícil de lograr ya es suyo: por un lado un sonido de calidez casi humana, por otro una inteligencia musical rara entre concertistas mucho más veteranos y aun muy celebrados para ahondar en los mil y un matices de dinámica y velocidad, esto es, de inflexión expresiva y sutileza en la aplicación del rubato, que demanda el primer movimiento del Op. 64 de Mendelssohn. Verdaderamente dejó con ganas de oírle interpretar no sólo el resto de ese concierto.

De hecho, esa fue la cima artística de toda la velada. La primera parte de ésta se había iniciado con un Moldava de Smetana muy lejos de producir la emoción de tal página siempre esperada, entre otras cosas por detalles como el machacón ritmo impuesto a la escena nupcial y el precario empaste de los violines en el claro de luna.

Vino a continuación un Concierto de Grieg en que solista y orquesta sólo por excepción ajustaron sus entradas (donde más evidente el defecto en la exposición del primer movimiento passim, en el regreso a la sección inicial del segundo y en el primer acorde fz del tercero) y en general muy falto de encanto tímbrico por ambas partes.

A Andrey Yaroshinksky (Moscú, 1986) no se le recordaba desde luego una sonoridad tan áspera ni tantos roces de cuando en 2006 se llevó el tercer premio y cuatro años más tarde el primero del Iturbi, ni tampoco del recital del año pasado en la Filarmónica.

El público, que llenaba la sala hasta la bandera a pesar de las torturadoras colas a que se le obliga en los Conciertos para todos, aplaudió mucho todo, incluida la Octava de Beethoven cuando mejor mecánicamente dirigida por Pablo Rus (Godella, 1983) con que se cerró el programa.

Por Alfredo Brotons, 22.09.2013 | Ver en PDF