«La sociedad reivindica su libertad en el arte» (Levante, 13.12.2015)

Violinista de 16 años. La crítica se ha rendido a su extraordinaria sensibilidad musical de este joven violinista valenciano que presenta hoy a las 19 horas su primer disco en el Ateneo de Valencia, en el que interpreta obras de Massenet, Tchaikovsky, Sarasate o Kreisler. Tuvo su primer violín a los dos años y medio, toca en público desde los cinco, ha ganado prestigiosos certámenes internacionales y ha actuado en EEUU, Suiza o Dinamarca.

Jacobo Christensen Fabuel (Valencia, 1999) cogió un violín por primera vez a los dos años y medio y a los cinco ya tocaba en público. A sus 16 años, tras haber ganado varios prestigiosos certámenes internacionales y tras haber actuado en EEUU, Suiza o Dinamarca, hoy presenta en el Ateneo de Valencia a las 19 horas su primer disco. Un recopilatorio de piezas de Kreisler, Tchaikovsky, Sarasateo Massenet que interpreta junto al pianista Carlos Apellániz y con el que este joven maestro que se confiesa “enamorado de su violín” rinde homenaje a algunos de sus compositores preferidos.

P. Presentas hoy tu primer disco en tu ciudad, Valencia y en el Ateneo, ¿cómo te sientes?

R. Me siento bien. Es mi primer disco y lo considero algo muy íntimo. No me siento especialmente presionado por el concierto de presentación, ya que estará dedicado más al público que a la crítica.

P. ¿Cómo ha sido la experiencia de grabar un disco?

R. Grabamos el disco durante unos tres o cuatro días realmente intensos. De la mañana a la noche, y fue duro. Sin embargo fue una experiencia extraordinaria pues disfrutamos mucho, había un ambiente de colaboración y trabajo excepcional, muy divertido y sin duda repetiría la experiencia.

P. ¿Qué van a encontrar en este disco las personas que se acerquen a escucharlo?

R. Es un disco hecho para disfrutar, realizado por alguien que ha disfrutado mucho haciéndolo. Hay mucha variedad, se destina a un público amplio, quiero llegar a todo el mundo. Esta vez he querido centrarme en un repertorio centrado en el Romanticismo y el Post-Romanticismo. Fue un periodo de virtuosismo musical, una auténtica revolución que rompió los esquemas anteriores y en el que se exaltaron las emociones y el lenguaje musical se hizo muy directo y emocionante. Es un repertorio muy mágico y expresivo en el que el compositor se delata a sí mismo. En este disco los oyentes encontrarán momentos de relax, de éxtasis, de tristeza y alegría en piezas de Sarasate, Kreisler, Tchaikovsky y Massenet. Tengo un especial cariño a todas estas obras, las he tocado muchas veces y cada vez que lo he hecho las he sentido madurar.

P. Tu violín es una pieza de artesanía del año 1920 y te llegó desde Cremona, Italia. ¿Cuál es la relación con tu violín?

R. La historia con mi violín yo la llamaría amor a primera vista. Se trata de una pieza Gaetano Sgarabotto que tiene 95 años. Desde el primer momento sentí que era especial, por lo pronto era más oscuro que un violín normal, pero fue al tocarlo cuando descubrí un sonido único. Lo tengo desde hace dos años y desde entonces lo he vivido todo con él. Hemos viajado, estudiado, nos hemos ilusionado e incluso fatigado mucho juntos. Ha mejorado muchísimo su sonido, estoy realmente enamorado de mi violín. Nunca me ha fallado. Cada violín es único. Cuando coges un violín, lo sientes y dices “es mío”, hablo de conexión, es mágico.

P. Tocas desde los dos años y medio y frente al público desde los cinco. ¿Cómo gestionas la presión?

R. Es algo complicado. Sin duda es el punto débil de los músicos por lo que la gente espera de ti, la exigencia. La música es un arte y eso a veces se nos olvida incluso a los músicos. Se trata de innovar y crecer, y en la música es doblemente difícil porque actuamos sobre obras ya escritas y trabajamos por tanto en las versiones. Eso encorseta y el encorsetamiento acaba siendo la muerte del artista, porque es en el arte donde una sociedad puede reivindicar su libertad. Me preocupa que el mundo del arte esté invadido por las críticas gratuitas, el ansia de la perfección. Para mí el arte es una yoga, y no hablo sólo de la música, hablo del cine y la literatura. Es lo que nos mantiene vivos con esperanza. El arte es nuestra salvación y está siendo invadida por una visión mercantilista y simplista.

P. ¿El camino que has elegido te ha hecho madurar más rápido de lo que correspondería a tu edad?

R. Todo lo que viajas, lo que ves y lo que conoces te da lecciones importanes sobre la vida. En ese sentido, sí, he madurado. He aprendido a saber adaptarme a los cambios.

P. ¿Cómo gestionas el hecho de que las críticas se refieran a ti como un “virtuoso” o “más que un prodigio”?

R. En cuanto a las críticas, no me las acabo de creer. Creo que en cierta manera limitan. ¿Si no toco “Carmen” a los 15 años ya no puedo ser un virtuoso? No acabo de entender los criterios que siguen los críticos. No soy un prodigio, soy un chico normal que vive su vida y que disfruta con lo que hace.

P. Así es como tú te ves, pero… ¿cómo crees que te ve la gente de tu edad?

R. Mis amigos son gente normal, me tratan como a un igual, vienen a mis conciertos. No soy nada especial. Soy amigo de mis amigos. Para mí ellos tienen un mérito muy grande al hacer lo que hacen: ir al instituto todos los días a estudiar, aprender y formarse. En el instituto me comprenden muy bien. Es bonito sentirme apoyado allí también.

P. ¿Qué sueño a nivel musical y personal te gustaría cumplir?

R. Tengo muchos sueños. Quiero ir por donde la vida me lleve. Quiero escucharme a mí mismo y sé que no es fácil. Lo que tengo claro es que la música jamás faltará en mi vida. Si hablamos de qué obra me gustaría interpretar algún día, sin duda el Concierto en Re Mayor de Tchaikovsky.

P. El filósofo Nietzche dijo: “Sin música la vida sería un error”…

R. Estoy de acuerdo. Lo que pasa es que la mayoría de la gente vive sin conocer realmente la música, la que es capaz de emocionarte, de cambiarte. La sociedad es cada vez más superficial porque no se dan los medios que permitan a la gente vivir, analizar las obras y disfrutarlas. Entender la música te puede ayudar a encontrar paz y disfrutar más de la vida. Eso es lo que hace que vivir sin música sea un error.

P. Ya para terminar… Si tuvieras la oportunidad, ¿qué le dirías a alguien que está empezando a tocar el violín?

R. Le diría que la música le va a servir para crecer y que si se dedica a ello profesionalmente, que disfrute, que le sirva para ser feliz y aprender todo lo que pueda y que sobre todo cree su propio estilo. Le diría: “Saca tu magia”.

EN CORTO

P. Completa la frase: “Si no tocara el violín…”

R. Si no tocara el violín no sería quien soy y probablemente no sabría qué hacer con mi vida. En sí mismo el violín no es más un instrumento, una herramienta para lograr algo más elevado. Es justamente la magia que puedes hacer con él lo que te transporta a otro lugar.

P. ¿Ha habido algún momento en el que hayas pensado: “Se acabó. Lo dejo”?

R. Claro. Bastantes.

P. ¿Qué te animó a seguir?

R. Las cosas no salen gratis. Salen luchando por ellas. Eso es algo que la música me ha enseñado. El seguir adelante a pesar de los problemas que puedan surgir por el camino. Y… bueno, también me ha ayudado escuchar Queen y uno de mis referentes, Freddie Mercury.

P. ¿Qué te ha aportado la música a nivel humano?

R. Conocerme mejor y nunca apagar el fuego de la curiosidad. En definitiva, trabajar por conseguir aquello que se quiere. Disfrutar trabajando, sentirse útil.

Por Óscar Bornay | Ver en PDF