biografía

breve

Primer Premio Concours International de Jeunnes Musicienes Crescendo de Ginebra (Suiza), 2013; Primer Premio Concurso Internacional Pozuelo de Alarcón (Madrid, 2013); Primer Premio Festival AIMS de Solsona (Lleida, 2013); Primer Premio Concurso de Jóvenes Intérpretes de Canet (Castellón, 2014); Premio de Interpretación Sociedad de Conciertos de Alicante (Alicante, 2019); Ganador del II Certámen de Jóvenes Solistas de la Joven Orquesta de la Generalitat Valenciana (Valencia 2019). 

Nacido hace 23 años, es alumno de Zakhar Bron y Yuri Volguin en la Escuela Reina Sofía de Madrid y estudia desde sus comienzos con Catalina Roig, Vicente Balaguer y Mikhail Spivak. Se perfecciona con Sergei Ostrovski, Boris Belkin y Salvatore Accardo (Accademia Chigiana, Siena), Ivry Gitlis, Agustín León Ara, Vasko Vassilev, Ingolf Turban, Miriam Fried, Giovanni Guzzo, Silvia Marcovici, Christoph Poppen, Heime Müller y Marta Gulyas.

En el campo de la dirección, se forma con el maestro Cristóbal Soler.

Ha tocado en EEUU, China, Suiza, Dinamarca, Italia, Austria, Eslovaquia, Hungría, Portugal… recitales con piano y algunos de los más importantes conciertos para violín: Mendelssohn, Bruch, Tchaikovski, Mozart, Sibelius… Dirigido por los maestros Cristóbal Soler, John Carewe, Ivan Monighetti, Zubin Mehta, Plácido Domingo, Gustavo Dudamel, Pablo Heras Casado, Andrés Salado, Péter Eötvös, Andrés Orozco-Estrada, Ignazio Terrasi, Oliver Díaz, Juanjo Mena, Zakhar Bron y András Schiff entre otros.

En 2021 funda su propia orquesta, Nostrum Mare Camerata, de la que es director y violín solista. 

Como miembro del Cuarteto Albéniz recibió en junio de 2021 de manos de Su Majestad la Reina Doña Sofía la mención al cuarteto más sobresaliente en la ESMRS. 

Junto al pianista Carlos Apellániz graba el Cd titulado Violín. Jacobo Christensen y el Ep De glade 20’ere.

la música

belleza, arte y vida

Siento gran escepticismo al reflexionar sobre qué significa para mí la música. La pregunta sería, más bien, qué no significa. 

La música se enfrenta, como todo arte, a un eterno oxímoron, a la armonía obtenida de la simbiosis de conceptos radicalmente opuestos.

¿Acaso no puede la música ser alegre y triste, casi al mismo tiempo?¿aburrida y estimulante?¿agradable y desagradable?¿naif y madura?¿minimalista y elaborada?

Por esto, preferiría definir la música como el diálogo entre sonido y silencio. Si bien es una respuesta ambigua, no la considero vacua; pues es a menudo la vida misma el compendio, más o menos equilibrado, entre presencia y ausencia. 

Lo que signifique la música para mí, no es importante, pues ella existe por sí misma. Su belleza es aquello que radica en nuestro oído, el de cada uno de nosotros: lo que la “humaniza”, transformando ese diálogo entre sonidos y silencios en arte, el arte al que dedico mi vida.